Cuándo un día comes langosta y al día siguiente no tienes ni para langostinos

Esa es la sensación que tenemos los que empezamos a cogerle gusto al fútbol y al Real Oviedo a mediados de los 80 y que subimos al cielo con el ascenso a primera. Ya no hablo de la generación anterior que disfruto de Marianín, Galán, Uría, Iriarte, Tensi, Lombardia, Vicente; ni de la anterior que vio en Buenavista a Iguarán, Paquito, Sánchez Lage; por no citar a los pocos que quedan vivos y que han visto a la delantera eléctrica y  todo lo que vino después. Núnca ningún oviedista se ha visto en una situación como la que llevamos sufriendo durante los últimos 5 años.

Estamos en tercera. El escenario al que acudimos cada 15 días es de primera, la mentalidad, la exigencia del aficionado es de primera; sin embargo, la competición y los protagonistas son de tercera. Grandísimo problema para el entrenador de turno: donde antes estaba Jokanovic ahora está Mario Prieto; el 10 ya no es Carlos sino Diego Cervero, las faltas no las saca Prosinecky, lo hace Curro. Debajo de los palos no está Viti, sino Aulestia; el lateral derecho no lo cubre Cristobal, es Jose Luís, ese central espigado y duro no es Gorriarán, se llama Gonzálo; Lacatus ya no revoluciona el partido, lo tiene que hacer Jorge Rodriguez; ese trotón, que corre como un pollo sin cabeza y que pierde tantos balones como roba se llama Álex, antes teniamos uno que robaba, levantaba la cabeza y la pasaba bien, era Paulo Bento; la zurda de oro era Dubovsky o el Tito Pompei, ahora tenemos una zurda y no de oro precisamente y se llama Invernón. La experiencia era cosa del “rusu” Onopko, ahora viene de la mano de Sergio Villanueva.

Este es el tipo de cosas al que nos estamos teniendo que enfrentar los oviedistas durante estos larguísimos 5 años. Entramos al Tartiere recitando de memoria aquella alineación que tantas alegrías nos dió: Viti, Zúñiga-Sañudo-LuisManuel-Gorriarán-Rivas, Berto-Gracan-Bango, Carlos-Lacatus y exigimos como tal, cuando lo que tenemos es lo que hay y enfrente está el Ribadesella. ¡¡Qué hacemos!!!. ¿Silbar?, jamás. ¿Conformarse?, no, núnca. Adaptarse a las circunstancias. Llegarán tiempos mejores, seguro.

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